El café ‘milagroso’ de Serena

1420481977_152884_1420482076_noticia_grande

Un café en mitad del partido transforma los bostezos en rugidos.

La estadounidense Serena Williams, que es la número uno mundial del tenis femenino, dormita en su partido de la Copa Hopman, un torneo amistoso de selecciones que se disputa en Perth (Australia). Flavia Pennetta, su rival italiana, le propina un 6-0 en 19 minutos. La campeona de 18 torneos del Grand Slam se mueve como un zombi sobre la pista. Descoordinada. Sin acierto. Es una sombra de sí misma. Como lleva menos de 48 horas en el país, sufre un jet-lag de libro, y con 5-0 ya busca soluciones. Habla con la juez de silla. Luego consulta con el supervisor. Tras echarse unas risas con su contraria —”¡Estoy cansada!”, grita sonriendo—, acaba bebiendo algo que esconde cuidadosamente tras una servilleta blanca, porque la imagen de una de las mejores tenistas de la historia vale millones y no es cuestión de que regale publicidad ni en un momento desesperado. Entonces, como si esos sorbos introdujeran en su cuerpo una poción mágica, Serena se transforma. Pennetta desaparece de la pista. La estadounidense devora el duelo: remonta 0-6, 6-3 y 6-0.

¿Qué ha pasado? ¿Cuál ha sido el milagro? ¿Qué bebida revitalizante despierta a Serena Williams, la campeona de campeonas?

“Soy bebedora de café, no me tomé uno esta mañana, y estaba notando las consecuencias”, explicó tras el encuentro la estadounidense, que desde el 19 de enero intentará conquistar en Melbourne el Abierto de Australia, que es el primer trofeo del Grand Slam de la temporada. “Necesitaba tomar algo. Les pedí que me dieran un expreso. Les pregunté si era legal, porque nunca lo había hecho antes (…)”, añadió la ganadora de cuatro oros olímpicos, que con sus dudas a la hora de consumir cafeína volvió a subrayar que bastantes tenistas desconocen al detalle la normativa antidopaje y que piden aprobación oficial para casi todo para no meter la pata. “Necesitaba despertarme. El jet-lag te atrapa siempre”, describió.

Tras el parón, Pennetta solo fue capaz de ganar tres juegos más. La cafeína, por supuesto, no explica la reacción de la campeona. Fue, simplemente, la chispa que encendió el incendio. Hace tiempo que Serena, de 33 años, gana cuando y como quiere. Tiene más recursos técnicos que nadie. Su fuerza es irresistible. El saque le despeja el camino. Sometida a la presión de que nadie le discuta el trono del tenis, lo que le obliga a un enfrentamiento constante consigo misma, la gestión de sus emociones marca ahora sus resultados. Ese baile agarrado con sus seguridades y sus miedos es el que dictaminará si culmina con éxito la persecución del récord de torneos grandes (24, de la australiana Margaret Court). El reto está en encontrar la motivación. Una razón para seguir apretando los dientes. Algo con lo que distraer la mente de la asfixiante tensión de saberse obligada a la victoria de lunes a domingo. Ayer fue un café. Mañana, conseguir competir saboreando cada momento, volviendo a las raíces y redescubriendo las razones que le llevaron de niña a jugar al tenis mientras oía los balazos que se disparaban en la barriada de Compton (Los Ángeles).

“Nunca he sonreído tanto en un partido”, dijo sobre su duelo con Penetta. “Este año mi meta principal es divertirme más. Me lo ha dicho mi padre: ‘Serena, lo has hecho todo. Ahora, simplemente diviértete. Te prometo que jugarás mejor”.

 

 

Fuente

Por qué el café servido en una taza blanca sabe mejor

Para los amantes del café, pocas cosas superan el placer que proporciona tomar una taza de esta aromática e intensa bebida que posee múltiples cualidades beneficiosas. En los últimos años, esta infusión ha vivido una auténtica época dorada que ha llevado a que las estanterías de los supermercados se llenen de cientos de variedades de grano, capaces de satisfacer a los paladares más sibaritas.

20051012082501taza_de_cafeSin embargo, una deficiente presentación de la bebida puede arruinar por completo esta experiencia sensorial. O, al menos, eso es lo que asegura un estudio desarrollado en una universidad australiana, cuyas principales conclusiones podemos leer en el blog «Gastronomía & Cía».

Según esta investigación, dirigida por el profesor de psicología de la Federación Universitaria de Australia George Van Doorn y recientemente publicada en la revista «Flavour Journal», el color de la taza en la que se sirve influye directamente en la percepción del sabor del café.

Para comprobar esta teoría, que parece coincidir con la desarrollada por dos investigadores de las universidades Politécnica de Valencia y Oxford, que demostró que el chocolate sabe mejor en un vaso naranja o de color crema, los científicos australianos emplearon tazas de porcelana blanca y de cristal. De acuerdo con los testimonios aportados por los 18 participantes en el estudio el café contenido en las primeras poseía un sabor mucho más intenso.

Tras obtener estas conclusiones, y para descartar que se tratara de un efecto provocado por los diferentes materiales con los que estaban fabricados los recipientes, decidieron repetir la experiencia con otros 36 voluntarios empleando tazas de vidrio de color blanco, azul y transparentes. Una vez más, señalaron que el café de las tazas blancas era más intenso y menos dulce que los otros dos.

El responsable de esta investigación asegura que esta diferente percepción del sabor, a pesar de que el café contenido en todas las tazas era el mismo -algo que lógicamente desconocían los voluntarios para no influir en su decisión- puede estar originada por el contraste visual entre los colores de la bebida y los recipientes.

Así, las tazas claras potencian el color oscuro del café, mientras que las oscuras suavizan la diferencia de tonalidad. Esta circunstancia produce una autosugestión en el consumidor, que esperará encontrar un café mucho más intenso y amargo en las tazas claras y una bebida con un aroma mucho más suave en las oscuras o transparentes.

Este tipo de información puede servir para que los fabricantes de café adapten los envases de sus productos y los propietarios de cafeterías elijan un modelo de taza adecuado a la reacción que pretenden despertar en los consumidores. Para los amantes del café, supone una forma de aumentar aún más el placer que les produce tomar esta estimulante bebida